En España el descenso es del 38 % y en EEUU cayó un 4 %.

La recesión en España y Estados Unidos ha provocado un descenso del flujo migratorio de los ciudadanos de América Latina hacia ambos Estados del 38% y del 4% respectivamente, entre 2009 y 2010, según el Segundo Informe elaborado por el Sistema Continuo de Estudios sobre Migración Internacional en las Américas (SICREMI), un trabajo desarrollado de manera conjunta por la Organización de Estados Americanos (OEA), la Organización para la Cooperación Económica del Desarrollo (OCDE) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Aunque la mejora de la coyuntura económica en la región también ha influido en ese retroceso, el hecho es que sus condiciones laborales y sociales todavía no son equiparables a las que encuentran en el extranjero, lo que explica, según sus autores, que en América Latina sus ciudadanos continúen apostando por la emigración.

“Aunque la crisis económica española ha sido determinante en la reducción tan importante de la emigración de América Latina, no conviene olvidar que ese país sigue siendo el que mayor número de inmigrantes de la región acoge en Europa [el 57% de todos los latinoamericanos que emigran a ese continente, según el informe”, explica a EL PAÍS Juan Manuel Jiménez, miembro del Departamento de Desarrollo Social y Empleo de la OEA y uno de los autores del estudio.

Aunque la crisis económica española ha sido determinante en la reducción tan importante de la emigración de América Latina, no conviene olvidar que ese país sigue siendo el que mayor número de inmigrantes de la región acoge en Europa”

Juan Manuel Jiménez
Durante la presentación del Informe, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, apuntó a la “concentración de la inmigración entre los países vecinos de América Latina y el Caribe” como otro de los motivos para justificar el descenso de la corriente migratoria a España y EE UU. “En muchos Estados de la zona, el 40 o el 50% de la inmigración procede de uno de los países aledaños. Es el caso de Argentina, que recibe el flujo migratorio de Paraguay, de Barbados (de la Guyana), de Bolivia y Chile (de Perú) o de Costa Rica (de Nicaragua)”, explica el estudio. “En este sentido, hay que puntualizar que la inmigración interior es una tradición en América Latina y que no puede cifrarse únicamente en un fenómeno derivado de la mejora de las condiciones económicas”, indica Jiménez.
La bonanza económica que ha experimentado América Latina en esta última década todavía no es suficiente para lograr retener a sus trabajadores. “Pese a la crisis generalizada en los Estados de la OCDE, las condiciones laborales en las que se desarrollan muchos de sus empleos menos cualificados siguen siendo mejores que la de sus países de origen, lo que determina que sus ciudadanos prefieran emigrar. América Latina sigue siendo una de las regiones con mayores desigualdades sociales del mundo”, señala Jiménez. “En EE UU, por ejemplo, los latinoamericanos encuentran muchas más facilidades para encontrar una vivienda que en sus ciudades”, puntualiza.
América Latina compensa el descenso del flujo migratorio hacia España y EE UU con “los movimientos poblacionales hacia otros países de la OCDE no Europeos” como Canadá, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, indica el informe. En esos Estados la inmigración latinoamericana se incrementó en un 8%.

El problema de las remesas

La crisis económica española también ha afectado a la economía de aquellos países en los que las remesas de dinero procedente del extranjero ejercen cierta influencia en sus economías. Colombia y Ecuador, Estados que cuentan con un importante número de inmigrantes en España se han visto “afectados por el recibo de remesas”, explicó durante la presentación del informe María Luisa Hayem, consultora del Fondo Multilateral de Inversiones del BID.
No es el caso de aquellos países de América Latina que reciben los envíos de dinero de EE UU. La recuperación económica de este Estado ha provocado que se estabilicen los niveles hasta antes de la crisis. En el informe se indica muchos de los países de la región sufrieron una disminución de una media del 16% en el envío de remesas, pero que, dos años después, han registrado un aumento del 7% por ciento.