Peripecias y avatares para el acceso a la Nacionalidad por LMH de los descendientes de emigrantes españoles.

Testimonio de Domingo
desde la Isla de
Cuba.
Mi acceso a la nacionalidad
española por LMH
Hoy me toca a mí contar cómo
fue mi historia personal para acceder a la nacionalidad española como
hijo-nieto de español de origen. Todo comenzó hace más de 10 años, cuando en
una conversación informal sobre la situación inmigratoria en Chile del cuñado
de un colega de trabajo vino a colación el tema. Sencillamente me comentó que
su cuñado podría regularizar su situación migratoria en le país sudamericano si
su padre accedía a la nacionalidad española pues este último era hijo de
español. Recuerdo que añadió que iba a ser casi imposible porque el señor de
marras era un alto cargo del gobierno de Fidel Castro en Cuba y eso sería muy
mal visto por sus superiores.
Pero como sucede muchas veces
este germen informativo quedó en mi mente y comencé a digerirlo. A los pocos
días me di cuenta que mi padre tenía todos estos requisitos y además ya conocía
otras personas que pronto abandonarían la Isla por haber obtenido la ciudadanía española.
A las pocas semanas estaba en
contacto con mi primo residente que tenía en su poder una carta de un primo
canario relacionado con una pequeña finca que supuestamente nos pertenecía pues
estaba a nombre de mi abuela Andrea.
Empecé a reflexionar sobre el
tema y a intentar buscar información al respecto. Mi primo me entregó
generosamente los documentos familiares que estaban en su poder y me propuse
hacer algo, aunque aún no tenia claro qué exactamente.
Mi atención se dirigió en dos
sentidos, por un lado averiguar la posibilidad de viajar a Canarias para
intentar vender la pequeña finca y con ello ayudar a la tremenda situación de
crisis que vivía la familia, en especial los miembros de más edad, entre los
que estaban mi padre y mis tíos. Por 
otro lado inicié las pesquisas para conocer los requisitos y los
documentos que debía presentar para que mi padre se hiciera español, como hijo
de dos españoles que era. 

Ciudad de La Habana vista desde el emblemático Focsa.
Foto cortesía de Doble R, Barcelona.
Por qué fui empujado en este
sentido?. Por qué seguí este camino?.
Deseaba que me fuera
reconocida mi sangre española, la tenía por ambas ramas: la paterna y la
materna. 
Pero sobretodo (siendo bien sincero) por razones prácticas, porque
como dijo un filósofo: “el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber,
tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte,
religión, etc”.
La difícil situación de
crisis que vivía nuestro país en el llamado “período especial” y por otra parte
las ventajas y prebendas que tenían en Cuba los extranjeros, era una política
que se incrementaba cada día. Es decir, por un lado intentaba obtener algún
alivio para la situación de los mayores y por otro lado buscaba un seguro de
futuro para mí y mi familia, si la crisis llegaba a alcanzarme, además de la
cuestión sentimental.
Los dos objetivos fueron
caminando de la mano. Al tiempo que comenzaba a tramitar mi posible viaje a
Canarias me encargaba de acopiar la documentación para presentar la solicitud
de acceso a la nacionalidad de mi padre. Fue un camino difícil pues los
documentos de la familia en Cuba no estaban a la mano y hubo que luchar duro
para encontrarlos. Recuerdo que uno de los más difíciles fue el Certificado de
matrimonio de mis abuelos pues no se sabía a ciencia cierta si se habían casado
o no. Algunos de mis tíos decían que sí pero otros decían que no. Por una gran
casualidad y suerte a la vez, estando en el RC de Yaguajay esperando la partida
de mi padre se me ocurrió preguntarle si recordaba dónde se habían casado mis
abuelos. Mi papá respondió que había escuchado que se habían casado en
Camajuaní y luego habían venido a la zona de Itabo en Yaguajay. Ni corto ni
perezoso le pregunté a la registradora si era posible hacer esta búsqueda en
aquél pueblo y me respondió que podría hacerse mediante llamada telefónica
indicando a la funcionaria del RC de Camajuaní el año del matrimonio y los
nombres de mis abuelos. El año no estaba claro pero cuando logramos hablar con
la señora resultó ser que el RC se había destruido alrededor de los años 40 y
antes de esa época no quedaba nada. Esta negativa no me amilanó, por el
contrario…se me ocurrió pensar que tal vez mis abuelos se pudieron haber casado
en el propio Yaguajay donde habían, además, inscritos a todos sus hijos. Como
la chica del Registro había sido tan diligente y amable, se me ocurrió pedirle
que hiciéramos la búsqueda allí. Para precisar el año aproximado, pedí a mi
padre que me dijera cuál era el mayor de sus hermanos y pudimos suponer que la
unión pudo haber ocurrido antes de 1913, pues tía Zoila había nacido este año.
De inmediato comenzó la búsqueda pero no se encontraba nada. Un poco en contra
de la voluntad de la gentil funcionaria me atreví a prestar ayuda en la búsqueda
pues resultaba bastante sencilla ya que todos los tomos tenían un índice con
todos los asientos en la página inicial. Bajé cuatro o cinco tomos de un
estante superior y para mi suerte y sorpresa, cuando abrí el tomo perteneciente
al año 1918 de un rápido vistazo encontré los nombres de Domingo  y Andrea, que contrajeron matrimonio el día
17/06/1918.
Este fue un hecho fortuito
pero aligeró mucho el camino.
Otro de los escollos
importantes fue la gestión de los certificados de ciudadanía y extranjería que
debían adjuntarse a la solicitud para que mi padre solicitara la nacionalidad. Me
puse manos a la obra pero el tema era algo complejo. La Dirección de Inmigración
y Extranjería (en adelante DIE) estaba en La Habana y para hacer la solicitud era necesario,
la partida de defunción de mi abuelo. El tema era complejo y escabroso, poca
información, falta de documentación, etc.
A través de unos vecinos que
ya estaban residiendo en Tenerife logré obtener la partida de mi abuelo Domingo.
Finalmente envié la solicitud
de mi padre  a mediados de 1999. A finales del 2000
citaron a mi padre para la firma de su nacionalidad y al año siguiente
recibimos la partida correspondiente y obtuvimos el pasaporte. Aquí vale
aclarar que los certificados que obtuvimos de la DIE eran negativos, es decir, mis abuelos no habían accedido a la
nacionalidad cubana y tampoco se habían registrado como extranjeros
.
Cuando ya había obtenido la
nacionalidad para mi padre, ya tenía también bastante  adelantado mi proyecto de viaje a Canarias.
Este proyecto tampoco estuvo exento de peripecias y dificultades. Para viajar a
Canarias debía demostrar que tenía la encomienda de mi familia para hacerme
cargo de las propiedades de mis abuelos, especialmente, los de mi abuela
Andrea. Es decir, hubo que elaborar y legalizar un Poder Notarial Especial de
administración a mi nombre firmado por todos los descendientes de mi abuela.
Cuando todo estaba listo, según nuestra apreciación, presentamos la solicitud
de visado en el Consulado español de La Habana y aquí tropezamos directamente contra una
pared…se nos dijo que para demostrar mi relación con España debía aportar un
documento oficial donde constaran las propiedades alegadas. A través de dos
amigos que habían viajado recién a las islas y a los que había ayudado
monetariamente, logré que me gestionaran el documento en cuestión que no fue
más que la Hijuela
de Partición de la finca de mis bisabuelos. Cuando finalmente se presentó al
consulado la solicitud de visado no imaginábamos que aún faltaban otros escollos.
Cuando pedí la famosa “carta blanca” o permiso de visita al exterior, me
exigieron que la hijuela de partición no sólo estuviera legalizada en España si
no además legalizada o reconocida en el Consulado cubano en Las Palmas. Hice el
intento pero las personas a las que acudí no me pudieron ayudar y ante las
perspectivas de que fuera a vencer el visado opté por buscar a un amigo de un
amigo para que me hiciera una Carta de Invitación a fin de obtener el permiso
de salida de Cuba. Pagué los 150 USD, hice un buen regalo al español que me
prestó el servicio y esperé a que llegara la autorización. El tiempo de espera
fue de un mes aproximadamente. Luego de otras peripecias, salí hacia la Madre-abuela patria a
finales de 2001.
En Canarias intenté
regularizar mi situación y obtener la residencia por mi padre pero cuando
asistí a la Oficina
de Extranjería de Santa Cruz de Tenerife la funcionaria que me (des)atendió
casi se mofó de mi desconocimiento sobre el tema, pues que mi padre fuera español no me daba ningún derecho adicional al resto
de los extranjeros en aquella enorme cola.
Así de sencillo, me trató con
total despotismo, desprecio y poca educación. Aquí comenzó para mí un
aprendizaje, el cual, aún no ha concluido.
Me prometí que yo debía conocer bien las regulaciones
de Extranjería y Nacionalidad de la casa de mi padre y mis abuelos.
Como era de esperar, en
Canarias tuve que trabajar en negro en labores de ayudante de la construcción.
Jornadas duras, agotadoras y con poca o ninguna seguridad. Me comencé a
interesar por las noticias que llegaban de Madrid donde a la sazón se debatía
una ley para otorgar la nacionalidad a los nietos de emigrantes españoles. Al
final esta ley quedó allí pues no se aprobó como estaba originalmente propuesta
y sólo se les otorgaba el derecho a solicitar la nacionalidad los nietos que
tuvieran un año de residencia legal en España.
Así las cosas me subí al
carro de los que lucharíamos para que se reconociera nuestro derecho de sangre.
Luego de retornar a mi país
estuve al tanto de las noticias que nos llegaban de España y comencé a divulgar
la posibilidad que al respecto se vislumbraba.
Como estuve en el medio de
esta vorágine para obtener el derecho de los descendientes, fui de los primeros
en conocer la DA
7ma de la LMH y la
circular de la DGRN
para su aplicación.
En enero del 2009 presenté mi
solicitud y luego de varios meses se me requirió el Certificado de Matrimonio
de mis padres, legalizado en el Minrex. En pocas semanas tuve el documento en
mano y lo entregué en el Consulado. En junio del propio año recibí al fin mi
pergamino como nuevo español.
Somos varios hermanos y los
expedientes de solicitud de nacionalidad, desde los documentos probatorios de
filiación hasta las citas fueron asumidas por mí, sin embargo no fui de los
primeros en obtener la nacionalidad, fui el tercero. A mis hermanos no se le
pidió la Certificación
de Matrimonio de nuestros padres, sin embargo yo tuve que presentarlo.
Así se demuestra, según mi opinión, que esto de las
tramitaciones y los derechos es una simple ruleta rusa y la suerte juega un
papel importante en muchas ocasiones. El poder tan grande que toman los
funcionarios en estos procesos no es conocido por muchos estudiosos del tema.
Así se piden documentos que no prueban nada, pues además de que mis padres se
casaron cuando ya había nacido, mi padre ostentaba la nacionalidad de origen
desde el año 2000.
El resto de las gestiones
para rematar la faena fueron bastante ágiles: inscripción consular, obtención
del pasaporte y reconocimiento del Matrimonio.
Mi testimonio es único pero a la vez idéntico al resto
de otros muchos descendientes que accedimos a la Nacionalidad por LMH.
Contradicciones evidentes en
mi caso lo observamos en que considerar que mis abuelos no estaban registrados
en Cuba no significó ningún problema para la obtención de la nacionalidad de mi
padre, sin embargo a partir del 2009, el hecho de no aparecer el susodicho
registro en Inmigración o la obtención de la nacionalidad cubana, ha
significado para mucha gente la paralización de su expediente. No es posible que entendamos cómo se
cambian los criterios de otorgamiento.
La ley no dice que deba presentarse
dichos documentos de registro en Extranjería, pero acá los funcionarios lo
exigen.
Y cabría preguntarse: el hecho de que se pruebe que un
inmigrante español llegó a cualquier país americano, vivió allí y creó una
familia, aunque nunca se registrara como extranjero o tampoco optó a la
nacionalidad de su país de acogida es causa suficiente para congelar su
expediente y no otorgarle la nacionalidad española. O es que los inmigrantes
irregulares no han existido siempre en todos los países del mundo?. Se puede
discriminar a un español si no presenta los documentos del registro en el país
de acogida?.
Ya conozco algún caso de
denegación, esperemos a ver qué dice la
DGRN (Dirección General de Registros y Notariado). En algunos
casos omiten la notificación de denegación pero tampoco otorgan la
nacionalidad.
Según conozco, en una reunión
con el Sr. Barrios Almazor, Cónsul español en La Habana, se hizo mucho
hincapié en el tema y se les prometió a los participantes que se estudiaría
esta problemática, pero que sepamos se mantienen estos criterios.
También el requerimiento de la Certificación de
Matrimonio de mis padres luego de haber otorgado la nacionalidad a dos de mis
hermanos demuestra, a mi juicio, que los criterios de los funcionarios son
arbitrarios y caprichosos porque en ningún caso se exige en las normativas de
la aplicación de la ley que este documento sea imprescindible. Recuerdo que el
día de la entrevista con la funcionaria que atendió mi cita para el
requerimiento de este documento de mis padres, cuando le pregunté por qué era
necesario me respondió, mira tu expediente está casi listo, si presentas el
documento en pocas semanas obtendrás el pergamino. O sea las razones eran
difíciles de explicar pues reitero si mi padre y mi madre estaban casados o no
en el momento de mi nacimiento no era una circunstancia decisiva para que mi
padre (español de origen desde 2000) me trasmitiera a mi la nacionalidad pues
ya había quedado acreditado que nací de español de origen pues cuando nació mi
padre mi abuelo no había perdido su condición de español de origen nacido en
España.
Palabras finales
A mi juicio, el poder
excesivo que se les concede a los funcionarios para tomar decisiones y hacer
requerimientos favorece sobremanera las arbitrariedades que se cometen a diario
en los consulados y en los registros civiles para el otorgamiento de este
derecho. Tampoco veo que esto pueda ser resuelto en el futuro pues en el
ordenamiento jurídico español se les conceden prerrogativas a los encargados de
los Registros Civiles y a los funcionarios que no son controlados por sus
superiores (a no ser que se presente una queja o reclamación por el ciudadano, que
generalmente prefiere cumplir con el requerimiento o la arbitrariedad del
funcionario, que enfrentarse con alguien que tendrá la potestad de continuar
poniendo obstáculos en el procedimiento) y según podemos saber la historia de
España ha sido un rosario de burócratas y estas costumbres arraigadas en la
conciencia nacional del funcionariado no se van a acabar porque protestemos o
digamos que existe una ley de Derecho de petición.

 La administración pública
siempre, o mejor, casi siempre, se sale con las suyas.

Estas son algunos de mis
apuntes para enviar al Grupo Doble R, Retorno a las Raíces que está promoviendo
el apartado: “Peripecias y avatares para el acceso a la Nacionalidad por LMH
de los descendientes de emigrantes españoles”
Domingo.
25.09.12